LA PERLA

Las fotos son para mí pequeñas oportunidades de captar un momento, la mayoría de momentos terminan siendo nuestros recuerdos, esos que nos causan emociones cada vez que nuestra mente vuelve a ellos. Este recuerdo me causa paz. Si, efectivamente fue un momento de paz vivido semanas atrás. 

Tuvimos un paseo en silencio, me refiero al silencio espontáneo, aquel silencio que se disfruta porque la presencia del otro no merece ser interrumpida por sonidos vanos. Empiezas con la decisión de tomar un bus y unos minutos después te has introducido en una aventura lenta pero entretenida. Caminamos bastante, pero el paisaje no me hizo percatar de la distancia, dijimos algunos comentarios sobre los cambios del lugar, las personas, recordamos algunas cosas y luego seguimos sin hablar. 

Un breve descanso, pagar el pasaje, esperar una cabina vacía, disfrutar de la comida que encontramos, tratar de esconderla en la mochila para escabullirla, eso nunca puede faltar. Reírse, alegrarse, asustarse, estar alerta, comentar sobre lo nuevo que estamos conociendo, googlear lo que no sabemos, sí, eso es un hábito de cada paseo...

La perla vista desde la aerovía alrededor de las 6pm

Todos las situaciones que vivimos tienen un momento pico, yo me quedo con los minutos alrededor de las seis de la tarde, cuando estábamos solos tomando un granizado y comíamos las tortillas de maíz que tanto nos gustan. Y ahí estaba La Perla vista desde la aerovía, en ese momento le hizo honor a la belleza de aquella piedra preciosa cuyo nombre lleva. 

Y son esos instantes, con algo tan sencillo como esa vista, comiendo algo tan simple pero que siempre me hace explotar el paladar y con una compañía que supera todo placer que estimule los sentidos. Ahí cuando estás sentado pero te sientes tan liviano que en un cuento ficticio podrías volar, ahí cuando tus emociones se agudizan tanto que son mucho y a la vez parecen nada... ahí agradeces por el regalo de la paz. 

Agudizar los sentido no es fácil, estar presente tampoco, la mente es inquieta, dominante. La mente puede ser nuestro mejor aliado o nuestro peor enemigo. He aprendido a decirle a mi mente que disfrute, que se calle, que viva conmigo lo bonito de un momento que no repetiré. Y lo cierto es que puedes regresar a los lugares, puedes volver a comer lo que te gusta o a tener la compañía que tienes ahora, pero jamás repetirás un momento de manera exacta. Es una virtud que pocos aprecian el poder disfrutar y estar presentes... 

No desaproveches tus virtudes. 


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